La pasada madrugada pudimos remomerar una vez más el que ya podríamos decir que es el clásico de la NBA. Dos equipos que han estado presentes en las últimas tres finales.
Los Cleveland Cavaliers, liderados por un Lebron James que está haciendo una de las mejores campañas de su carrera no pudieron seguir el ritmo de unos Golden State Warriors que funcionan como un reloj suizo. Una maquinaria que funciona a la perfección, que si en algún partido una pieza no está a su nivel, ya habrá otra para que el rendimiento no baje.
Unos Warriors liderados por un enorme Kevin Durant, que marcó la diferencia y que con sus acciones aumentaron la distancia en el marcador en los minutos finales ante la mirada del público de "The Land", que veían como se les escapa la victoria a su equipo.
Sin dudas este equipo es el aspirante número uno a conseguir una vez más el título de campeón, aunque en esta liga tan larga, ya veremos si son capaces de mantener este ritmo en la recta final.

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